TERAPIA DE PAREJA. ¿JUNTOS O POR SEPARADO?

Generalmente, en la primera sesión de una terapia de pareja acudan ambos miembros a una entrevista conjunta en la que se evalúa el motivo de consulta, los problemas que cada uno plantea y los objetivos que quieren lograr mediante la terapia. Así, empieza un trabajo terapéutico que implica a los dos miembros de la pareja, desde el principio.

Pero esta no es la realidad de todas las parejas en crisis ya que es habitual encontrar reticencias en uno de los miembros, que se niega a buscar ayuda. Las excusas que tiene dicha persona son diversas: ningún extraño les puede ayudar acerca de temas íntimos, ningún extraño les puede ni les debe aconsejar sobre cuestiones de las que no tiene un conocimiento profundo, culpa al otro de todos los problemas y, por tanto, no es él quien necesita ayuda, por desinterés, por orgullo…

Incluso, hay una frase que ya hemos comentado en otros post – como en “No creo en los psicólogos”- y es cuando uno de los miembros de la pareja sentencia “es que yo no creo en esas ‘cosas’”. Como ya hemos dicho muchas veces, la Psicología -y una de sus especialidades, la Terapia de Pareja y Sexual- no es “una cosa”, sino una ciencia, puesto que sigue el método científico.

Lo que sí no es: no es un dogma de fe. Por tanto, es perfectamente correcto que no crea en el terapeuta de pareja – ¿acaso cree en el cirujano que le va a operar de apendicitis o sólo confía en que sabe hacer bien su trabajo? Pues, en este caso, igual. Sin embargo, todo este cúmulo de cuestiones, muchas veces produce que el que está interesado desista y deje de buscar esa ayuda externa y especializada.

Pero, si acude sólo uno de los dos miembros de la pareja, el terapeuta de pareja también puede ayudar ya que puede “entrenar” al implicado y generar cambios que el miembro reticente puede valorar como buenos y adecuados, e incluso puede motivarle para acudir a terapia al ver que es útil a su pareja.

Si, aún así, el otro miembro no se siente motivado para acudir a la consulta, el miembro que sí acude a terapia puede trasladar lo aprendido al reticente y motivarle, igualmente. Lo más importante es que el reticente vea cambios hacia mejoría en el implicado en la terapia y que dichos cambios son producto de la terapia.

Así, los elementos más motivadores para el reticente son darse cuenta de que su pareja, gracias a la terapia, está más comunicativa, más detallista, menos quejica o victimista, valora más sus esfuerzos, le escucha más cuando le cuenta algo…

La terapia se inicia con el objetivo de cambiar la relación hacia una mejoría y consolidación para recuperar la ilusión. Y, aunque no suele ocurrir, puede suceder que los cambios no le gusten al que no acude a terapia. Entonces, nos es útil conocer el porqué ello ocurre: por miedo a lo desconocido, por malas experiencias con otras terapias anteriores, por ideas preconcebidas respecto a la terapia que nada tienen que ver con la realidad, por la influencia de terceros que, demasiadas veces, opinan que la terapia de pareja es “una manera de acabar con la relación”.

Por ello, si el miembro dispuesto a hacer terapia acude antes, puede ser la mejor manera de eliminar esas ideas y dar una oportunidad a una terapia que les puede ayudar a salir de la crisis, conocerse, aceptarse y entenderse mejor para volver a ser felices juntos.

✆ 653811887

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