Pasión sexual obsesiva

Las personas con pasión sexual obsesiva tendrían más probabilidades de engañar a sus parejas.

Más de 600 adultos jóvenes respondieron a preguntas destinadas a evaluar la pasión sexual armoniosa y obsesiva. También informaron cualquier instancia pasada en la que le habían sido infieles a un compañero. Como era de esperar, aquellos con pasión sexual obsesiva habían participado en muchos más actos de infidelidad que aquellos con pasión sexual armoniosa.

El deseo de vengarse de su pareja, aumentar su autoestima o cumplir con las expectativas sociales percibidas, como la noción de que los «hombres reales» tienen muchas parejas sexuales. Aquellos con pasión sexual armoniosa rara vez dieron tales razones para su infidelidad.

Las personas que se ven a sí mismas como controladas por fuerzas externas tienen más probabilidades de hacer trampa, especialmente cuando se combinan con una fuerte pasión sexual. Es mejor mantenerse alejado de las personas que siempre se ven a sí mismas como víctimas, ya que una relación con ellos seguramente será infeliz. La infidelidad es solo uno de los muchos desgarros que esas personas tienen para ti.

Por el contrario, es probable que las personas que creen que tienen el control de su destino sean mejores socios. Cuando también tienen una pasión sexual armoniosa, probablemente serán mejores amantes y compañeros de vida. Además, su sentido seguro de sí mismo también los hace menos propensos a desviarse de una relación comprometida.

La estimulación del deseo

La estimulación del deseo es necesaria para que el resto de las fases que componen la respuesta sexual se desarrollen con normalidad y proporcionen una experiencia placentera. Este momento requiere de matices sutiles que muchas veces difieren profundamente de la pura genitalidad.

Le ocurre a casi todas las parejas con el paso del tiempo: el hombre tiene la sensación de que sus ganas por mantener relaciones sexuales son siempre

Le ocurre a casi todas las parejas con el paso del tiempo: el hombre tiene la sensación de que sus ganas por mantener relaciones sexuales son siempre superiores a las de su compañera. Un malentendido que genera mucha confusión en la vida en pareja, pero que puede solucionarse fácilmente si conocemos las técnicas adecuadas. Durante mucho tiempo, y aún hoy en día, se ha dado por hecho que los hombres siempre tienen más ganas de tener sexo que las mujeres. No es cierto. La realidad es que hombres y mujeres tienen las mismas necesidades de mantener relaciones sexuales, y las mismas ganas, pero sus ciclos funcionan de distinta manera.

Muchas mujeres no experimentan el deseo sexual en el inicio del intercambio, sino que aparece más tarde, porque se busca conscientemente. La realidad es que,  el deseo sexual no tiene que estar presente para que las mujeres quieran, y puedan, mantener relaciones sexuales y, de hecho, en parejas de larga duración, no siempre se da en el inicio del intercambio amoroso. La libido femenina aumenta con el tiempo y las mujeres alcanzan la madurez sexual hacia los 35 años, pero el deseo, no obstante, se ve afectado por la propia rutina de una relación amorosa.  “cuanto más tiempo pasa una mujer en una relación, menos deseo sexual siente”.

Esto no quiere decir que no quieran mantener relaciones sexuales, pero tienen motivaciones distintas para hacerlo. Razones complejas que no responden al mero “deseo”. En muchos casos las mujeres buscan fomentar la intimidad emocional con su pareja o, en ocasiones, incrementar su propia autoestima. El deseo sexual, por tanto, no está presente en el inicio del intercambio sexual, sino que aparece más tarde, porque se busca conscientemente. Esto es clave para entender porque las mujeres no siempre parecen tan receptivas como el hombre respecto al acto sexual. La buena noticia es que se puede trabajar la aparición de ese deseo, y con la estimulación adecuada, la excitación sexual y el placer se intensifican. Y las relaciones son más satisfactorias.

CONSEJOS:

1. Lee, imagina y planifica

El deseo se puede provocar conscientemente.

2. Trabaja los preliminares

A muchos hombres les cuesta aceptar que sus mujeres hagan el amor solo por complacerles.

3. Muestra satisfacción y apuesta por lo que le gusta

Debemos tratar de mostrarnos siempre optimistas en nuestras relaciones, mostrando satisfacción y agradecimiento.

4. Elige un buen momento

La pareja tiene que estar en un momento emocionalmente estable para poder hacer el amor.

5. El orgasmo no siempre debe ser la meta

Este es un problema sobre todo para los hombres, que sienten una gran frustración si no logran que su pareja alcance el orgasmo. Es cierto que no tener nunca orgasmos es un problema, pero si ocurre de vez en cuando no hay que darle mayor importancia. En muchas ocasiones, las mujeres, simplemente, ni lo buscan, ni lo necesitan.

Sexualitat en l’embaràs i el post part

SEXUALITAT EN L’EMBARÀS I EL POST PART

Quan: dimecres 3 de d’abril, 11:30 – 13:00
On: Mama Lloca, Carrer de Gaietà Ventalló, 42, 08100 Mollet del Vallès, Barcelona, España (mapa)
Descripció: DIMECRES 3 ABRIL a les 11:30 – Què hem d’esperar de la vida sexual durant l’embaràs? – I en el post part, quan ja ha nascut el nadó? – Quan podem començar a tenir relacions sexuals? – És veritat que es redueix el desig sexual? – Com ho viu la dona? I l’home? Impartit per Xavier Conesa Psicòleg – Sexòleg de Mollet Director Docent de l’Institut Superior d’Estudis Sexològics (ISES) Bcn Inscripcions: mamalloca@gmail.com / 93 593 66 63 / 663 229 156 (wasap)

EL DESEO SEXUAL DE LA MUJER

Andreas Baranowski y Heiko Hecht, los investigadores alemanes que en 2015 replicaron el experimento de 1978 en una discoteca -y hallaron los mismos resultados- se preguntaron qué pasaría si las mujeres recibieran una oferta de sexo casual de una forma en la que no tuvieran que temer, ni por su reputación ni por su integridad física.

Idearon un segundo experimento para atenuar el factor miedo: invitaron a un grupo de voluntarios, hombres y mujeres, a un laboratorio con el pretexto de ayudar a una empresa de citas a evaluar su algoritmo de compatibilidad.

Les presentaron diez fotos de miembros del sexo opuesto y les hicieron creer que los diez ya habían acordado reunirse con ellos (ya sea para una cita o para tener sexo).

Los resultados fueron notables: casi no hubo diferencias entre los sexos.

El 100% de los hombres y el 97% de las mujeres aceptaron tener una cita con al menos uno de los candidatos, con el potencial de tener sexo.

Otro estudio realizado por Terri Conley alcanzó conclusiones similares.

Conley decidió utilizar figuras reconocidas -estrellas de Hollywood- como las potenciales parejas casuales, en vez de extraños.
La mayoría de los hombres y mujeres encuestados dijo que aceptaría tener sexo casual con Angelina Jolie y Brad Pitt, respectivamente.
Le preguntó a un grupo de hombres si se aceptaría una propuesta sexual de Angelina Jolie y a un grupo de mujeres si aceptaría tener sexo con Brad Pitt.

La mayoría de los consultados dijo que .

Estos experimentos pusieron en tela de juicio las conclusiones tan categóricas que por décadas se mantuvieron respecto al famoso trabajo de Hatfield y Clark.

Y sugieren que la imagen que tienen muchos de que las mujeres son conservadoras y no les gusta tanto el sexo como a los hombres, está errada.

(* Este artículo está basado en el programa «¿Te quieres acostar conmigo?» de BBC Radio 4. Puedes escucharlo en inglés aquí.)

«Lo que realmente somos es seres sociales y no puedes separar una cosa de la otra», aseguró.

LA MUJER Y EL SEXO

El experimento alemán de 2015 se realizó en una discoteca pero los resultados fueron QUE ELLOS SI ATODO
Y ELLAS NO.
Pero aún allí, los resultados del experimento original de Hatfield y Clark se mantuvieron intactos.

La mujer y el sexo
Pero a pesar de que las conclusiones del experimento parecen indisputables -se trata de uno de los pocos estudios sociales en los que nadie cuestiona los resultados- han surgido algunas voces, sobre todo femeninas, que consideran que se trata de un malentendido.

Estas críticas no disputan el hecho que la vasta mayoría de las mujeres rechazará una oferta sexual de un extraño. Pero dicen que eso no significa que no les guste el sexo casual.

Aseguran que la explicación de los resultados no es biológica, sino cultural.

En su libro, «Inferior: How Science Got Women Wrong» («Inferior: cómo la ciencia malinterpretó a las mujeres») la periodista científica Angela Saini sostiene que son las restricciones morales que dictan cómo una mujer debe comportarse las que explican el rechazo femenino al sexo casual.

Saini objeta las interpretaciones que se quedan solamente en lo biológico.

«(Es incorrecto) pensar que puedes separar la naturaleza y la crianza, lo biológico y lo cultural, y llegar a la raíz de quiénes realmente somos», le dijo a la BBC.
Así lo confirma la psicóloga Terri Conley, quien realizó un estudio sobre el tema en 2011. «Las mujeres son juzgadas con más dureza por tener relaciones sexuales ocasionales que los hombres, y es algo que les preocupa».

Conley lo ilustra con un ejemplo de la vida moderna: el llamado «walk of shame» (camino de la vergüenza), como se llama cuando una mujer regresa por la mañana a su casa, vestida con su ropa de la noche anterior, tras haber tenido un encuentro casual con alguien.

«Hay estudios que muestran que la mujer pone en riesgo su reputación si acepta una oferta de sexo: puede ser considerada una puta o una desesperada sexual. El hombre no sufre un daño social», coincide Cordelia Fine, autora de «Testoterone Rex«.
La mujer arriesga su reputación si acepta tener sexo casual y muchas temen ser juzgadas.
Fine, profesora de la Universidad de Melbourne, destaca otro elemento clave para entender por qué todas las mujeres en los estudios rechazaron tener sexo con un extraño: el miedo a la violencia.

«Lo que los experimentos realmente demostraron es que las mujeres no están muy interesadas en arriesgarse a entrar en una situación en donde podrían ser asesinadas, violadas o podrían avivar el interés de un potencial acosador», le dijo a la BBC.

¿QUIERES ACOSTARTE CONMIGO?

El famoso experimento sobre sexo casual arrojó resultados que sorprendieron.
Es un experimento tan famoso que incluso inspiró una pegadiza canción de los años ’90: «¿Te quieres acostar conmigo?» de la banda británica de jazz-pop Touch and Go.

Esa fue la pregunta que un grupo de estudiantes, varones y mujeres, le hicieron a extraños del sexo opuesto, como parte de un experimento realizado en el campus de la Universidad Estatal de Florida, en Estados Unidos, en 1978.

Los resultados causaron asombro: tres de cada cuatro hombres respondieron que sí a la propuesta. En cambio, ni una sola mujer aceptó.

Interesantemente, otra de las preguntas que fueron parte del estudio –¿tendrías una cita conmigo?– arrojó resultados muy diferentes: cerca de la mitad de los consultados, tanto hombres como mujeres, respondieron afirmativamente.

Las conclusiones de los expertos fueron contundentes: el experimento claramente había demostrado las diferencias en las actitudes femeninas y masculinas hacia el sexo casual y confirmado un antiguo estereotipo sobre los sexos.
Para el psicólogo y escritor canadiense Steven Pinker esto no debería haber sorprendido a nadie.

«Si uno observa los fenómenos sociales ve que los hombres tienen más tendencia a ser acosadores sexuales, a consumir pornografía visual, a contratar prostitutas», observó a la BBC.

Según Pinker el experimento simplemente «confirmó de forma dramática una diferencia biológica básica: (…) que un hombre puede reproducirse potencialmente mucho más rápidamente que una mujer».
Para el famoso psicólogo y escritor Steven Pinker el estudio mostró las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.
«Cuando una mujer queda embarazada, está atada por nueve meses al embarazo, mientras que un hombre puede engendrar tantos niños como la cantidad que encuentre de parejas dispuestas a tener sexo con él».

«Es una asimetría que forma parte de nuestra anatomía», consideró Pinker. «Y no es sorprendente que otra parte de nuestra anatomía, nuestro cerebro, refleje esa diferencia».

En resumen, entonces, lo que Pinker y muchos otros expertos concluyeron del experimento es que al existir el riesgo de quedar embarazada, la mujer es mucho más cuidadosa a la hora de elegir pareja y no tiene interés en el sexo casual.

Varios estudios posteriores que reprodujeron el experimento de 1978 llegaron a los mismos resultados, sugiriendo que no se trataba de algo relacionado con tabúes de la época.

Uno de los experimentos más recientes, realizado en Dinamarca en 2010, mostró que tampoco tenía que ver con un posible puritanismo de la cultura estadounidense.

Ese estudio dio los mismos resultados que siempre: ni una sola mujer aceptó tener sexo casual con un extraño, a contramano de la mayoría de los hombres.

Incluso ahondó la percepción de que a los hombres les obsesiona el sexo: ¡más hombres dijeron que sí a un encuentro sexual con una extraña que los que aceptaron tomar un café que una mujer que no conocían!

Otro trabajo realizado en Alemania en 2015 cambió la locación del experimento a un lugar considerado más propicio para una propuesta «indecente»: una discoteca.
El experimento alemán de 2015 se realizó en una discoteca pero los resultados fueron los mismos.
Pero aún allí, los resultados del experimento original de Hatfield y Clark se mantuvieron intactos.

ANTIDEPRESIVOS QUE NO AFECTAN LA SEXUALIDAD

Uno de los efectos secundarios más desagradables de los tratamientos para la depresión y que más abandono provoca en la adherencia terapéutica es la disminución de la libido o el deseo sexual. Sin embargo, este problema de tolerabilidad podría estar solventado con la nueva generación de antidepresivos con un innovador mecanismo de acción multimodal. Según el psiquiatra Enric Álvares, “la dosis de 10 o incluso 15 mg/día de Vortioxetina ha demostrado, en estudios llevados a cabo con animales, producir la misma disfunción sexual que el placebo, es decir, ninguna”.

“La disfunción sexual es un efecto muy común en muchos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRIs), pues la serotonina ayuda a manejar la depresión y la ansiedad, pero en mucha cantidad inhibe el deseo sexual. Adicionalmente, es posible que a medida que aumenta la serotonina se reduzca la dopamina, otro neurotransmisor que facilita la excitación sexual”, ha asegurado el doctor Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pay y profesor titular de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, durante la rueda de prensa convocada por Lundbeck para presentar el primer fármaco de esta nueva generación de antidepresivos.

El doctor Álvarez advierte que no se han registrado los mismos resultados con dosis superiores a 20 miligramos, pero insiste en que esta nueva generación de antidepresivos demuestran “mayor tolerabilidad en el paciente en cuanto a impulso sexual”. Para él, este nuevo tratamiento puede ser una herramienta de ayuda para mejorar la adherencia en aquellos pacientes que tantos les preocupa la disfunción sexual que sufren al tomar medicamentos como Paxil, Prozac o Zoloft, entre otros.

EL SEXO: PLACER O ADICCIÓN

La importancia de reconocer este problema como un “desorden de salud” es la posibilidad de que aquellos que han dejado de disfrutar el sexo y han pasado a sufrirlo pidan ayuda. Reconocerlo como “dolencia” no exime a quien lo padece de ser responsable de sus actos, como sucede con tantas otras enfermedades —tanto mentales como somáticas— que implican la voluntad del paciente en su desarrollo o tratamiento (un ejemplo: el que sufre de sobrepeso o hipertensión). Y bajo ningún concepto podrá ser utilizado en medicina forense como argumento atenuante —y mucho menos eximente— de conductas delictivas. No existe causa física que impida a la persona ser responsable final de su conducta.

Decir que la mayoría de las personas infieles son adictas sería como decir que lo son los que se masturban o ven pornografía. Quien busca el sexo con el único fin de obtener placer no es adicto. Que sea o no vicioso no es objeto de estudio de la medicina.

ADICCIÓN AL SEXO

Esta patología afecta en torno a un 6% de la población occidental y es más frecuente en hombres como consumidores directos. Parecen ser más vulnerables aquellos que ya han tenido otras adicciones, como el juego. Es frecuente que las personas que solicitan de forma compulsiva los servicios de profesionales del sexo lo hagan en el contexto del consumo de drogas, en particular de cocaína. Reconozcámoslo: el apoyo incondicional a tu pareja durante un periodo de ludopatía o de adicción a la cocaína puede resultar difícil. Pero aceptar que solicite compulsivamente los servicios sexuales de otras personas va más allá del apoyo, pues afecta a la propia percepción de ti mismo. Hay mujeres que modifican su cuerpo con prótesis mamarias o tatuajes para resultar más atractivas. Hombres que sufren impotencia porque no pueden satisfacer a su pareja. En ocasiones hacen todo tipo de intentos desesperados por ofrecer juegos eróticos con los que la pareja al final no se siente cómoda. Esa inseguridad, en definitiva, es intensamente dolorosa y genera tristeza, rabia, ira y hasta odio. Entender y perdonar a una persona adicta al sexo puede convertirse en un acto casi heroico que no todos están preparados para asumir.

OBSESIÓN POR EL SEXO

La Organización Mundial de la Salud ha incluido el comportamiento sexual compulsivo como un desorden mental. Las alarmas saltan cuando se esfuma el placer y aparece la ansiedad.

EL COMPORTAMIENTO SEXUAL compulsivo ha sido incluido recientemente como un desorden de salud mental en la lista de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se define como “un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento sexual repetitivo”. Por el momento, no ha sido considerado un trastorno o una adicción como tal, por lo que el intenso debate sobre si se trata de una adicción o no sigue abierto. Todo lo que genera placer es susceptible de generar un comportamiento compulsivo, adictivo. Ha sucedido siempre con las drogas, el alcohol o el tabaco. El sexo lo genera. Para todos, la tentación puede estar ahí. Hay personas más libidinosas que otras, y ser más o menos capaz de controlar el impulso sexual es algo que concierne a cada uno. Pero ¿dónde termina el vicio y empieza el trastorno? Cuando ya no es el placer sexual el motor que lo conduce a repetir la conducta, sino evitar el displacer. Cuando no consumir le produce un intenso sufrimiento: ansiedad, angustia. Cuando su vida empieza a verse afectada porque su objetivo de consumo se convierte en prioridad.

Una persona adicta al sexo puede empezar a “ponerse pesada” con su pareja o a masturbarse con más frecuencia. Dedicar cada día más tiempo o más dinero a la pornografía. Puede empezar a descuidar sus tareas en casa. Encerrarse en un “estudio” y no jugar con sus hijos o cenar en familia. Llegar tarde al trabajo o consumir pornografía en la oficina. Puede gastar todo su dinero en prostitución y abandonar por completo sus obligaciones. Aunque no nos guste etiquetar a nuestros pacientes, los profesionales de la salud mental tenemos que poner nombre a aquello que es potencialmente peligroso o que genera sufrimiento a la persona o a su entorno. Y una persona adicta al sexo puede destrozar su vida.