Sexualitat en l’embaràs i el post part

SEXUALITAT EN L’EMBARÀS I EL POST PART

Quan: dimecres 3 de d’abril, 11:30 – 13:00
On: Mama Lloca, Carrer de Gaietà Ventalló, 42, 08100 Mollet del Vallès, Barcelona, España (mapa)
Descripció: DIMECRES 3 ABRIL a les 11:30 – Què hem d’esperar de la vida sexual durant l’embaràs? – I en el post part, quan ja ha nascut el nadó? – Quan podem començar a tenir relacions sexuals? – És veritat que es redueix el desig sexual? – Com ho viu la dona? I l’home? Impartit per Xavier Conesa Psicòleg – Sexòleg de Mollet Director Docent de l’Institut Superior d’Estudis Sexològics (ISES) Bcn Inscripcions: mamalloca@gmail.com / 93 593 66 63 / 663 229 156 (wasap)

EL DESEO SEXUAL DE LA MUJER

Andreas Baranowski y Heiko Hecht, los investigadores alemanes que en 2015 replicaron el experimento de 1978 en una discoteca -y hallaron los mismos resultados- se preguntaron qué pasaría si las mujeres recibieran una oferta de sexo casual de una forma en la que no tuvieran que temer, ni por su reputación ni por su integridad física.

Idearon un segundo experimento para atenuar el factor miedo: invitaron a un grupo de voluntarios, hombres y mujeres, a un laboratorio con el pretexto de ayudar a una empresa de citas a evaluar su algoritmo de compatibilidad.

Les presentaron diez fotos de miembros del sexo opuesto y les hicieron creer que los diez ya habían acordado reunirse con ellos (ya sea para una cita o para tener sexo).

Los resultados fueron notables: casi no hubo diferencias entre los sexos.

El 100% de los hombres y el 97% de las mujeres aceptaron tener una cita con al menos uno de los candidatos, con el potencial de tener sexo.

Otro estudio realizado por Terri Conley alcanzó conclusiones similares.

Conley decidió utilizar figuras reconocidas -estrellas de Hollywood- como las potenciales parejas casuales, en vez de extraños.
La mayoría de los hombres y mujeres encuestados dijo que aceptaría tener sexo casual con Angelina Jolie y Brad Pitt, respectivamente.
Le preguntó a un grupo de hombres si se aceptaría una propuesta sexual de Angelina Jolie y a un grupo de mujeres si aceptaría tener sexo con Brad Pitt.

La mayoría de los consultados dijo que .

Estos experimentos pusieron en tela de juicio las conclusiones tan categóricas que por décadas se mantuvieron respecto al famoso trabajo de Hatfield y Clark.

Y sugieren que la imagen que tienen muchos de que las mujeres son conservadoras y no les gusta tanto el sexo como a los hombres, está errada.

(* Este artículo está basado en el programa «¿Te quieres acostar conmigo?» de BBC Radio 4. Puedes escucharlo en inglés aquí.)

«Lo que realmente somos es seres sociales y no puedes separar una cosa de la otra», aseguró.

LA MUJER Y EL SEXO

El experimento alemán de 2015 se realizó en una discoteca pero los resultados fueron QUE ELLOS SI ATODO
Y ELLAS NO.
Pero aún allí, los resultados del experimento original de Hatfield y Clark se mantuvieron intactos.

La mujer y el sexo
Pero a pesar de que las conclusiones del experimento parecen indisputables -se trata de uno de los pocos estudios sociales en los que nadie cuestiona los resultados- han surgido algunas voces, sobre todo femeninas, que consideran que se trata de un malentendido.

Estas críticas no disputan el hecho que la vasta mayoría de las mujeres rechazará una oferta sexual de un extraño. Pero dicen que eso no significa que no les guste el sexo casual.

Aseguran que la explicación de los resultados no es biológica, sino cultural.

En su libro, «Inferior: How Science Got Women Wrong» («Inferior: cómo la ciencia malinterpretó a las mujeres») la periodista científica Angela Saini sostiene que son las restricciones morales que dictan cómo una mujer debe comportarse las que explican el rechazo femenino al sexo casual.

Saini objeta las interpretaciones que se quedan solamente en lo biológico.

«(Es incorrecto) pensar que puedes separar la naturaleza y la crianza, lo biológico y lo cultural, y llegar a la raíz de quiénes realmente somos», le dijo a la BBC.
Así lo confirma la psicóloga Terri Conley, quien realizó un estudio sobre el tema en 2011. «Las mujeres son juzgadas con más dureza por tener relaciones sexuales ocasionales que los hombres, y es algo que les preocupa».

Conley lo ilustra con un ejemplo de la vida moderna: el llamado «walk of shame» (camino de la vergüenza), como se llama cuando una mujer regresa por la mañana a su casa, vestida con su ropa de la noche anterior, tras haber tenido un encuentro casual con alguien.

«Hay estudios que muestran que la mujer pone en riesgo su reputación si acepta una oferta de sexo: puede ser considerada una puta o una desesperada sexual. El hombre no sufre un daño social», coincide Cordelia Fine, autora de «Testoterone Rex«.
La mujer arriesga su reputación si acepta tener sexo casual y muchas temen ser juzgadas.
Fine, profesora de la Universidad de Melbourne, destaca otro elemento clave para entender por qué todas las mujeres en los estudios rechazaron tener sexo con un extraño: el miedo a la violencia.

«Lo que los experimentos realmente demostraron es que las mujeres no están muy interesadas en arriesgarse a entrar en una situación en donde podrían ser asesinadas, violadas o podrían avivar el interés de un potencial acosador», le dijo a la BBC.

¿QUIERES ACOSTARTE CONMIGO?

El famoso experimento sobre sexo casual arrojó resultados que sorprendieron.
Es un experimento tan famoso que incluso inspiró una pegadiza canción de los años ’90: «¿Te quieres acostar conmigo?» de la banda británica de jazz-pop Touch and Go.

Esa fue la pregunta que un grupo de estudiantes, varones y mujeres, le hicieron a extraños del sexo opuesto, como parte de un experimento realizado en el campus de la Universidad Estatal de Florida, en Estados Unidos, en 1978.

Los resultados causaron asombro: tres de cada cuatro hombres respondieron que sí a la propuesta. En cambio, ni una sola mujer aceptó.

Interesantemente, otra de las preguntas que fueron parte del estudio –¿tendrías una cita conmigo?– arrojó resultados muy diferentes: cerca de la mitad de los consultados, tanto hombres como mujeres, respondieron afirmativamente.

Las conclusiones de los expertos fueron contundentes: el experimento claramente había demostrado las diferencias en las actitudes femeninas y masculinas hacia el sexo casual y confirmado un antiguo estereotipo sobre los sexos.
Para el psicólogo y escritor canadiense Steven Pinker esto no debería haber sorprendido a nadie.

«Si uno observa los fenómenos sociales ve que los hombres tienen más tendencia a ser acosadores sexuales, a consumir pornografía visual, a contratar prostitutas», observó a la BBC.

Según Pinker el experimento simplemente «confirmó de forma dramática una diferencia biológica básica: (…) que un hombre puede reproducirse potencialmente mucho más rápidamente que una mujer».
Para el famoso psicólogo y escritor Steven Pinker el estudio mostró las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.
«Cuando una mujer queda embarazada, está atada por nueve meses al embarazo, mientras que un hombre puede engendrar tantos niños como la cantidad que encuentre de parejas dispuestas a tener sexo con él».

«Es una asimetría que forma parte de nuestra anatomía», consideró Pinker. «Y no es sorprendente que otra parte de nuestra anatomía, nuestro cerebro, refleje esa diferencia».

En resumen, entonces, lo que Pinker y muchos otros expertos concluyeron del experimento es que al existir el riesgo de quedar embarazada, la mujer es mucho más cuidadosa a la hora de elegir pareja y no tiene interés en el sexo casual.

Varios estudios posteriores que reprodujeron el experimento de 1978 llegaron a los mismos resultados, sugiriendo que no se trataba de algo relacionado con tabúes de la época.

Uno de los experimentos más recientes, realizado en Dinamarca en 2010, mostró que tampoco tenía que ver con un posible puritanismo de la cultura estadounidense.

Ese estudio dio los mismos resultados que siempre: ni una sola mujer aceptó tener sexo casual con un extraño, a contramano de la mayoría de los hombres.

Incluso ahondó la percepción de que a los hombres les obsesiona el sexo: ¡más hombres dijeron que sí a un encuentro sexual con una extraña que los que aceptaron tomar un café que una mujer que no conocían!

Otro trabajo realizado en Alemania en 2015 cambió la locación del experimento a un lugar considerado más propicio para una propuesta «indecente»: una discoteca.
El experimento alemán de 2015 se realizó en una discoteca pero los resultados fueron los mismos.
Pero aún allí, los resultados del experimento original de Hatfield y Clark se mantuvieron intactos.

ANTIDEPRESIVOS QUE NO AFECTAN LA SEXUALIDAD

Uno de los efectos secundarios más desagradables de los tratamientos para la depresión y que más abandono provoca en la adherencia terapéutica es la disminución de la libido o el deseo sexual. Sin embargo, este problema de tolerabilidad podría estar solventado con la nueva generación de antidepresivos con un innovador mecanismo de acción multimodal. Según el psiquiatra Enric Álvares, “la dosis de 10 o incluso 15 mg/día de Vortioxetina ha demostrado, en estudios llevados a cabo con animales, producir la misma disfunción sexual que el placebo, es decir, ninguna”.

“La disfunción sexual es un efecto muy común en muchos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRIs), pues la serotonina ayuda a manejar la depresión y la ansiedad, pero en mucha cantidad inhibe el deseo sexual. Adicionalmente, es posible que a medida que aumenta la serotonina se reduzca la dopamina, otro neurotransmisor que facilita la excitación sexual”, ha asegurado el doctor Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pay y profesor titular de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, durante la rueda de prensa convocada por Lundbeck para presentar el primer fármaco de esta nueva generación de antidepresivos.

El doctor Álvarez advierte que no se han registrado los mismos resultados con dosis superiores a 20 miligramos, pero insiste en que esta nueva generación de antidepresivos demuestran “mayor tolerabilidad en el paciente en cuanto a impulso sexual”. Para él, este nuevo tratamiento puede ser una herramienta de ayuda para mejorar la adherencia en aquellos pacientes que tantos les preocupa la disfunción sexual que sufren al tomar medicamentos como Paxil, Prozac o Zoloft, entre otros.

EL SEXO: PLACER O ADICCIÓN

La importancia de reconocer este problema como un “desorden de salud” es la posibilidad de que aquellos que han dejado de disfrutar el sexo y han pasado a sufrirlo pidan ayuda. Reconocerlo como “dolencia” no exime a quien lo padece de ser responsable de sus actos, como sucede con tantas otras enfermedades —tanto mentales como somáticas— que implican la voluntad del paciente en su desarrollo o tratamiento (un ejemplo: el que sufre de sobrepeso o hipertensión). Y bajo ningún concepto podrá ser utilizado en medicina forense como argumento atenuante —y mucho menos eximente— de conductas delictivas. No existe causa física que impida a la persona ser responsable final de su conducta.

Decir que la mayoría de las personas infieles son adictas sería como decir que lo son los que se masturban o ven pornografía. Quien busca el sexo con el único fin de obtener placer no es adicto. Que sea o no vicioso no es objeto de estudio de la medicina.

ADICCIÓN AL SEXO

Esta patología afecta en torno a un 6% de la población occidental y es más frecuente en hombres como consumidores directos. Parecen ser más vulnerables aquellos que ya han tenido otras adicciones, como el juego. Es frecuente que las personas que solicitan de forma compulsiva los servicios de profesionales del sexo lo hagan en el contexto del consumo de drogas, en particular de cocaína. Reconozcámoslo: el apoyo incondicional a tu pareja durante un periodo de ludopatía o de adicción a la cocaína puede resultar difícil. Pero aceptar que solicite compulsivamente los servicios sexuales de otras personas va más allá del apoyo, pues afecta a la propia percepción de ti mismo. Hay mujeres que modifican su cuerpo con prótesis mamarias o tatuajes para resultar más atractivas. Hombres que sufren impotencia porque no pueden satisfacer a su pareja. En ocasiones hacen todo tipo de intentos desesperados por ofrecer juegos eróticos con los que la pareja al final no se siente cómoda. Esa inseguridad, en definitiva, es intensamente dolorosa y genera tristeza, rabia, ira y hasta odio. Entender y perdonar a una persona adicta al sexo puede convertirse en un acto casi heroico que no todos están preparados para asumir.

OBSESIÓN POR EL SEXO

La Organización Mundial de la Salud ha incluido el comportamiento sexual compulsivo como un desorden mental. Las alarmas saltan cuando se esfuma el placer y aparece la ansiedad.

EL COMPORTAMIENTO SEXUAL compulsivo ha sido incluido recientemente como un desorden de salud mental en la lista de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se define como “un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento sexual repetitivo”. Por el momento, no ha sido considerado un trastorno o una adicción como tal, por lo que el intenso debate sobre si se trata de una adicción o no sigue abierto. Todo lo que genera placer es susceptible de generar un comportamiento compulsivo, adictivo. Ha sucedido siempre con las drogas, el alcohol o el tabaco. El sexo lo genera. Para todos, la tentación puede estar ahí. Hay personas más libidinosas que otras, y ser más o menos capaz de controlar el impulso sexual es algo que concierne a cada uno. Pero ¿dónde termina el vicio y empieza el trastorno? Cuando ya no es el placer sexual el motor que lo conduce a repetir la conducta, sino evitar el displacer. Cuando no consumir le produce un intenso sufrimiento: ansiedad, angustia. Cuando su vida empieza a verse afectada porque su objetivo de consumo se convierte en prioridad.

Una persona adicta al sexo puede empezar a “ponerse pesada” con su pareja o a masturbarse con más frecuencia. Dedicar cada día más tiempo o más dinero a la pornografía. Puede empezar a descuidar sus tareas en casa. Encerrarse en un “estudio” y no jugar con sus hijos o cenar en familia. Llegar tarde al trabajo o consumir pornografía en la oficina. Puede gastar todo su dinero en prostitución y abandonar por completo sus obligaciones. Aunque no nos guste etiquetar a nuestros pacientes, los profesionales de la salud mental tenemos que poner nombre a aquello que es potencialmente peligroso o que genera sufrimiento a la persona o a su entorno. Y una persona adicta al sexo puede destrozar su vida.

COMO SABER SI SOY ADICTO AL SEXO O AL PORNO

Per començar, hem de saber com es determina si alguna cosa és o no una malaltia sexual. El criteri globalment acceptat és el que dicta el DSM, el Manual diagnòstic i estadístic dels trastorns mentals ‘. El publica l’Associació Americana de Psiquiatria i, des dels anys ’40, classifica totes les malalties mentals. En la seva cinquena i fins al moment última edició -el ‘DSM 5’- apareix una malaltia anomenada «trastorn de hipersexualitat». De manera que sí, la malaltia existeix. Almenys, en aquest manual, perquè no acaba d’estar clar.

«Qui defineix què és un trastorn psiquiàtric són els propis psiquiatres«, diu la psiquiatria al respecte.»Els trastorns es sotmeten a votació i hi ha pressions de tota mena. Alguns col·lectius, per exemple, busquen que certs trastorns siguin reconeguts per poder guanyar-se una certa oficialitat. L’últim manual, el ‘DSM 5’ va néixer mort des del moment en què el Institut de Salut Mental dels Estats Units va dir que no finançaria investigacions basades en aquest manual «, explica.

Segons el DSM, hi ha quatre criteris per determinar si un pacient pateix un «trastorn de hipersexualitat»:

1. Presentar fantasies, impulsos o conductes sexuals intenses i recurrents durant almenys sis mesos.

2. Presentar un malestar significatiu o un deteriorament social o personal notable que tingui com a origen aquestes fantasies, impulsos o conductes sexuals.

3. Que aquestes fantasies, impulsos o conductes sexuals no siguin producte d’agents externs com drogues.

4. Que la persona tingui més de 18 anys.

Allen Frances és un reconegut psiquiatre, fundador de dues de les més importants revistes al seu camp. A més, va ser el coordinador de la quarta edició de DSM, el ‘DSM-IV’, i s’ha convertit en el major crític de la posterior edició, la ‘DSM-5’. El motiu: Frances ha defensat, en diverses entrevistes i articles, que el manual no té el rigor necessari. En la seva opinió, el ‘DSM 5’ és un dels responsables de la medicalització de certes conductes no patològiques, el que ha generat un abús global dels psicofàrmacs.

Però, si això és així, si la desconfiança sobre el ‘DSM-5’ està tan estesa, per què tantes celebritats segueixen acollint-se a aquest «trastorn de hipersexualitat»?

«Cal tenir en compte que els diagnòstics psiquiàtrics tenen rellevància en un judici», diu Delgado. «Si acceptem que hi ha un trastorn de hipersexualitat i que aquest és una addicció, podria considerar-se un atenuant per a certes conductes delictives. El que jo plantejaria és que això en cap cas serveixi com eximent o atenuant de cap tipus de responsabilitat penal».

I conclou: «Encara que voldríem assumir que hi ha un trastorn de hipersexualitat, això no implicaria que qui el pateixi violés a ningú». Ho va dir Emma Thompson: «Weinstein no pot ser descrit com addicte al sexe , és un depredador«.

SEXO PARA PERSONAS CON ALGUNA LIMITACIÓN

Antonio, en su silla de ruedas, sostiene sobre sus rodillas a Estel, una de las acompañantes sexuales que colabora con el colectivo Tandem Team. MIQUEL TAVERNA Atender a las necesidades de las personas con discapacidad es algo natural en el seno de las familias y de las sociedades modernas. Garantizar que tengan cubiertas sus necesidades no sorprende a nadie. Ayuda para vestirse, asearse, salir a pasear, llegar al centro ocupacional o comer son de lo más normal. Pero la cosa cambia cuando las necesidades al descubierto son de carácter sexual. ¿Cómo se responde al deseo sexual de los discapacitados? «Los médicos me han tratado únicamente a nivel físico, nunca me preguntaban cómo estaba a nivel emocional y mucho menos sexual». Así resume Antonio Castillejo (44 años) toda una vida luchando contra la distrofia muscular degenerativa, una enfermedad que le fue limitando desde la niñez y que a los 30 años lo dejó atado a una silla de ruedas, aunque no acabó con su deseo sexual. «Hasta los 18 años mi vida sexual había sido inexistente y a partir de ahí mi deseo era incontrolable, La única salida que me quedó fue la prostitución», cuenta sin sonrojarse. «Yo era muy tímido, me costaba abrirme a los demás y me lo llegué a creer. Pensé que jamás iba a quererme nadie», relata Antonio, que reconoce que jamás ha tenido «pareja estable» y asegura que la prostitución «no es una cosa que te plantees de salida. Me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera, haber conocido a una persona…», reflexiona. Su discapacidad no solo le impedía una vida sexual plena, sino que, en su caso, le dificultó las relaciones sociales hasta el punto de pasar amplios periodos de su juventud recluido en casa. Cuando bajar a la calle con la silla le provocaba «miedo». Entre los 18 y los 28 años, este discapacitado fue usuario frecuente de los servicios de prostitución, una década que él mismo califica como «frustrante». «Era un mero desahogo sexual, unas dos veces al mes, pero el sexo sin afectividad ni emotividad te va creando un vacío», admite. Cuando en 2007 se queda definitivamente anclado a su silla de ruedas, «los contactos con prostitutas son a domicilio y muy esporádicos», momento en el que pasa por otra época de reclusión. Descubre la terapia sexual Cuando en 2010 recupera su vida normal e intenta integrar la silla de ruedas en su día a día, Antonio retoma sus contactos sexuales «esporádicos». Y así hasta que en 2014 descubre por internet a Tandem Team, una ONG especializada en la atención a la sexualidad en la discapacidad. «No sabía de qué iban, si era prostitución especializada para discapacitados», explica. Y probó. «Lo cambió todo», resume de su experiencia. «Hay una transferencia a nivel emocional desde ellas hacia ti, que es lo que lo diferencia. La prostitución es un servicio, algo que te dan y que dura lo que dura», dice. «Las citas (con las acompañantes sexuales) pueden desembocar o no en un encuentro sexual», aclara Antonio, que destaca las «caricias, besos y la afectividad» que hay en esas quedadas. Pero lo cierto es que el acompañamiento íntimo no está carente de polémica. Principalmente porque en el mismo hay -la mayor parte de las veces- una contraprestación económica. «Todos tenemos una sexualidad única e irrepetible, sea la que sea, y hay que ampliar la mirada», argumenta el presidente de Tandem Team, Francesc Granja, autor del libro El hombre que aprendió a vibrar, donde narra el redescubrimiento de su propia sexualidad tras sufrir un accidente de tráfico. «Ves que la sexualidad no está, porque no tienes erecciones y te autodescartas», recuerda de los primeros malos momentos. Luego, explica, «conocí a una mujer que me descubrió que cada gesto es el fin en sí mismo, que no hay que cumplir, no hay que llegar al orgasmo… no hay finalidad, cada manifestacion es en sí misma sexual y erótica». Ese es el germen de su iniciativa del acompañamiento íntimo y erótico. «Buscamos una sexualidad abierta e inclusiva, no solo genital», aclara. «Para algunas personas los preliminares lo son todo». Pero a pesar de su decálogo, no puede, por menos, que tener que aclarar qué pasa con la contraprestación económica y detenerse en la polémica de si el acompañamiento íntimo a discapacitados es o no prostitución: «Nosotros no estamos en contra de la contraprestación, pero somos solo mediadores entre el acompañante y el discapacitado, les ponemos en contacto tras un estudio de nuestros psicólogos y el resto es un contrato privado. Puede haber contraprestación económica o no, ellos deciden», explica el presidente de Tandem cuando detalla cómo se fragua el encuentro entre las partes. Siete «encuentros» Una de esas partes es Estel (nombre ficticio), una de las terapeutas que colaboran con Tandem y que en la imagen aparece de espaldas para preservar su intimidad. «Me enamoró el proyecto de los derechos sexuales de los discapacitados cuando entré en contacto con ellos», cuenta esta profesional que tiene un trabajo estable, de alta capacitación y vinculado al mundo de la discapacidad. Esta acompañante, que se sumó al proyecto hace seis meses (después de su divorcio), ha mantenido «encuentros» con siete usuarios, entre ellos una persona con autismo profundo, un síndrome de Asperger, una persona con sordera adquirida, un enfermo mental…. «Son episodios variados. No sabes lo que te vas a encontrar. Hay componentes orgánicos de medicación, de ausencia de erecciones, personas vírgenes, desentrenados… Es una dinámica única y yo me convierto en su mundo en ese momento», explica. «Quiero entregar el amor que tengo guardado a estas personas porque tienen carencias afectivas importantes», resume. A la pregunta sobre si se siente una prostituta, aclara: «La experiencia es muy enriquecedora a nivel personal y profesional. No me hace daño que lo digan, para mí no es prostitución. Entiendo perfectamente que no lo es. Si no tuviera la profesión que tengo ni las habilidades profesionales, no podría hacerlo», explica. «El intercambio económico es simbólico. Todas las acompañantes vivimos de otra cosa. La tarifa es muy inferior al servicio profesional, te cubre el desplazamiento hasta donde ellos están», matiza Estel, que cuenta que los «encuentros» no están exentos de «dificultades» por las patologías que arrastran los discapacitados. Aunque le cuesta dar una cifra, admite que la horquilla de lo que percibe oscila entre los 40 y 60 euros. «Aunque hay quien no me ha dado nada, por error o desconocimiento». Y el tiempo del encuentro también es aproximado: «He llegado a pasar el día entero, me han invitado a comer y hemos estado horas charlando», cuenta. Aunque lo habitual es que no sea de menos de 90 minutos. Uno de los casos que relata es el de un hombre autista profundo con el que mantuvo un encuentro gestionado por los profesionales del centro al que acude esta persona. «No verbalizaba nada, se estaba quieto y receptivo, su mensaje era: tócame, que yo me dejo». recuerda. Aunque admite que inició la cita con miedo, «ya que los autistas no se dejan tocar, no sabía cómo iba a reaccionar esta persona». Y hasta la fecha el balance es muy positivo: «Me he sentido respetada y no me ha pasado nada desagradable. Hago una lectura de lo que el otro necesita y en esa medida entrego. Si hay genitalidad, perfecto, si no la hay, no pasa nada. Es un tiempo de besos, acaricias y afectos compartidos», zanja. De la misma opinión es la sexóloga y psicóloga clínica Carmen Bermejo Romero, quien no duda en hablar abiertamente sobre el acompañamiento íntimo. «Es una buena alternativa para quienes no tienen pareja. Se requieren personas que, tras capacitarse, puedan transmitir contacto sexual, afectivo y erótico. En Suiza está considerado como terapia», explica. En EE UU, también es una práctica normalizada que ha sido llevada incluso al cine con notable éxito en películas como Las sesiones (2012), con John Howkes y Helent Hunt. Sobre si este acompañamiento es o no prostitución, Bermejo señala: «No lo veo como tal. La formación, predisposición positiva y delicadeza que tienen que transmitir los acompañantes íntimos no sería equiparable a esa figura…», explica la sexóloga.