EL SEXO: PLACER O ADICCIÓN

La importancia de reconocer este problema como un “desorden de salud” es la posibilidad de que aquellos que han dejado de disfrutar el sexo y han pasado a sufrirlo pidan ayuda. Reconocerlo como “dolencia” no exime a quien lo padece de ser responsable de sus actos, como sucede con tantas otras enfermedades —tanto mentales como somáticas— que implican la voluntad del paciente en su desarrollo o tratamiento (un ejemplo: el que sufre de sobrepeso o hipertensión). Y bajo ningún concepto podrá ser utilizado en medicina forense como argumento atenuante —y mucho menos eximente— de conductas delictivas. No existe causa física que impida a la persona ser responsable final de su conducta.

Decir que la mayoría de las personas infieles son adictas sería como decir que lo son los que se masturban o ven pornografía. Quien busca el sexo con el único fin de obtener placer no es adicto. Que sea o no vicioso no es objeto de estudio de la medicina.

ADICCIÓN AL SEXO

Esta patología afecta en torno a un 6% de la población occidental y es más frecuente en hombres como consumidores directos. Parecen ser más vulnerables aquellos que ya han tenido otras adicciones, como el juego. Es frecuente que las personas que solicitan de forma compulsiva los servicios de profesionales del sexo lo hagan en el contexto del consumo de drogas, en particular de cocaína. Reconozcámoslo: el apoyo incondicional a tu pareja durante un periodo de ludopatía o de adicción a la cocaína puede resultar difícil. Pero aceptar que solicite compulsivamente los servicios sexuales de otras personas va más allá del apoyo, pues afecta a la propia percepción de ti mismo. Hay mujeres que modifican su cuerpo con prótesis mamarias o tatuajes para resultar más atractivas. Hombres que sufren impotencia porque no pueden satisfacer a su pareja. En ocasiones hacen todo tipo de intentos desesperados por ofrecer juegos eróticos con los que la pareja al final no se siente cómoda. Esa inseguridad, en definitiva, es intensamente dolorosa y genera tristeza, rabia, ira y hasta odio. Entender y perdonar a una persona adicta al sexo puede convertirse en un acto casi heroico que no todos están preparados para asumir.

OBSESIÓN POR EL SEXO

La Organización Mundial de la Salud ha incluido el comportamiento sexual compulsivo como un desorden mental. Las alarmas saltan cuando se esfuma el placer y aparece la ansiedad.

EL COMPORTAMIENTO SEXUAL compulsivo ha sido incluido recientemente como un desorden de salud mental en la lista de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se define como “un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento sexual repetitivo”. Por el momento, no ha sido considerado un trastorno o una adicción como tal, por lo que el intenso debate sobre si se trata de una adicción o no sigue abierto. Todo lo que genera placer es susceptible de generar un comportamiento compulsivo, adictivo. Ha sucedido siempre con las drogas, el alcohol o el tabaco. El sexo lo genera. Para todos, la tentación puede estar ahí. Hay personas más libidinosas que otras, y ser más o menos capaz de controlar el impulso sexual es algo que concierne a cada uno. Pero ¿dónde termina el vicio y empieza el trastorno? Cuando ya no es el placer sexual el motor que lo conduce a repetir la conducta, sino evitar el displacer. Cuando no consumir le produce un intenso sufrimiento: ansiedad, angustia. Cuando su vida empieza a verse afectada porque su objetivo de consumo se convierte en prioridad.

Una persona adicta al sexo puede empezar a “ponerse pesada” con su pareja o a masturbarse con más frecuencia. Dedicar cada día más tiempo o más dinero a la pornografía. Puede empezar a descuidar sus tareas en casa. Encerrarse en un “estudio” y no jugar con sus hijos o cenar en familia. Llegar tarde al trabajo o consumir pornografía en la oficina. Puede gastar todo su dinero en prostitución y abandonar por completo sus obligaciones. Aunque no nos guste etiquetar a nuestros pacientes, los profesionales de la salud mental tenemos que poner nombre a aquello que es potencialmente peligroso o que genera sufrimiento a la persona o a su entorno. Y una persona adicta al sexo puede destrozar su vida.

COMO SABER SI SOY ADICTO AL SEXO O AL PORNO

Per començar, hem de saber com es determina si alguna cosa és o no una malaltia sexual. El criteri globalment acceptat és el que dicta el DSM, el Manual diagnòstic i estadístic dels trastorns mentals ‘. El publica l’Associació Americana de Psiquiatria i, des dels anys ’40, classifica totes les malalties mentals. En la seva cinquena i fins al moment última edició -el ‘DSM 5’- apareix una malaltia anomenada «trastorn de hipersexualitat». De manera que sí, la malaltia existeix. Almenys, en aquest manual, perquè no acaba d’estar clar.

«Qui defineix què és un trastorn psiquiàtric són els propis psiquiatres«, diu la psiquiatria al respecte.»Els trastorns es sotmeten a votació i hi ha pressions de tota mena. Alguns col·lectius, per exemple, busquen que certs trastorns siguin reconeguts per poder guanyar-se una certa oficialitat. L’últim manual, el ‘DSM 5’ va néixer mort des del moment en què el Institut de Salut Mental dels Estats Units va dir que no finançaria investigacions basades en aquest manual «, explica.

Segons el DSM, hi ha quatre criteris per determinar si un pacient pateix un «trastorn de hipersexualitat»:

1. Presentar fantasies, impulsos o conductes sexuals intenses i recurrents durant almenys sis mesos.

2. Presentar un malestar significatiu o un deteriorament social o personal notable que tingui com a origen aquestes fantasies, impulsos o conductes sexuals.

3. Que aquestes fantasies, impulsos o conductes sexuals no siguin producte d’agents externs com drogues.

4. Que la persona tingui més de 18 anys.

Allen Frances és un reconegut psiquiatre, fundador de dues de les més importants revistes al seu camp. A més, va ser el coordinador de la quarta edició de DSM, el ‘DSM-IV’, i s’ha convertit en el major crític de la posterior edició, la ‘DSM-5’. El motiu: Frances ha defensat, en diverses entrevistes i articles, que el manual no té el rigor necessari. En la seva opinió, el ‘DSM 5’ és un dels responsables de la medicalització de certes conductes no patològiques, el que ha generat un abús global dels psicofàrmacs.

Però, si això és així, si la desconfiança sobre el ‘DSM-5’ està tan estesa, per què tantes celebritats segueixen acollint-se a aquest «trastorn de hipersexualitat»?

«Cal tenir en compte que els diagnòstics psiquiàtrics tenen rellevància en un judici», diu Delgado. «Si acceptem que hi ha un trastorn de hipersexualitat i que aquest és una addicció, podria considerar-se un atenuant per a certes conductes delictives. El que jo plantejaria és que això en cap cas serveixi com eximent o atenuant de cap tipus de responsabilitat penal».

I conclou: «Encara que voldríem assumir que hi ha un trastorn de hipersexualitat, això no implicaria que qui el pateixi violés a ningú». Ho va dir Emma Thompson: «Weinstein no pot ser descrit com addicte al sexe , és un depredador«.

MI PAREJA ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se ha conocido con el término estigmatizado de «ninfomanía» en el caso femenino o «satiriasis» en el masculino, incluso como «donjuanismo«, dándole una connotación terriblemente romántica, alabada por nuestra cultura. Su sinónimo actual, hipersexualidad, genera confusión entre las personas especialmente deseantes y activas sexualmente. Esta enfermedad, señalada como un vicio, aunque habitualmente normalizado y potenciado en el género masculino, se banaliza o critica al mismo tiempo que se contribuye a su adicción en muchas ocasiones. Nuestra sociedad actual está sexualizada, por suerte, e hipersexualizada, por desgracia en muchos sentidos, pues el mensaje «sexo como solución para todo» está a la orden del día y puede contribuir a este tipo de adicción.Tras la polémica de los últimos años sobre si la pornografía producía daño cerebral o no, con diversos estudios contradictorios, nos cuestionamos: ¿Son los estímulos los generadores de la adicción o son las características personales y el inadecuado uso de los mismos la que construyen la misma? Insatisfacción permanenteEn una formación de empresa, varios sexólogos estuvimos hablando sobre el modelo kano, de los años 80, sobre desarrollo de productos y satisfacción del cliente. Aunque resulte sorprendente, este modelo me conectó con la adicción al sexo. Sugiere no sólo cubrir los requisitos básicos esperados por el cliente sino conseguir a su vez que se sienta satisfecho, lo que no va unido necesariamente. Y esto mismo sucede con las adicciones, incluidas las sexuales. Que aunque se consiga el objeto de deseo, tener un buen funcionamiento y rendimiento, alcanzar orgasmos o disfrutar sexualmente, la persona no queda satisfecha.Esa insatisfacción constante, le encierra en un bucle de búsqueda incansable por conseguirlo y librarse del malestar que le genera su situación. Que elija la sexualidad es comprensible, pues su refuerzo positivo de placer inmediato es evidente aunque, a los pocos minutos, la persona adicta vuelva a sentirse vacía.¿Tengo una adicción sexual si mi deseo es muy elevado?No, esta confusión es bastante habitual pues, en determinadas clasificaciones diagnósticas psiquiátricas, se denomina hipersexualidad, lo que genera bastante confusión sobre esta adicción. Además, ¿cómo determinar si se tiene un excesivo deseo sexual? Y sobre todo, ¿con quién nos comparamos? Un alto deseo sexual nunca debe entenderse como adicción al sexo. Que éste sea más elevado que el de su pareja, incluso que dedique mucho tiempo a su sexualidad y satisfacer su deseo, incluso sus momentos de ocio, no implica una adicción. Ana Yáñez, psicóloga y sexóloga con amplia experiencia en el tratamiento de adicciones sexuales, lo define como «una pérdida de control y dependencia de la conducta adictiva, junto con la aparición del síndrome de abstinencia cuando la persona deja de realizarla. Se manifiestan recurrentes fantasías sexuales a modo de pensamientos obsesivos y un irrefrenable deseo sexual que las conductas impulsivas intentan, sin éxito, saciar. La persona vive por y para su adicción, siendo el sexo un comportamiento autodestructivo». Por tanto, suele afectar a todas las áreas de su vida, laboral, familiar, pareja e incluso a su salud. Perfil de la persona adicta. Aunque no se conozca exactamente el origen de este tipo de adicción, apunta Yáñez, sí pueden influir algunas dimensiones de la personalidad, ciertos antecedentes en la infancia, como abusos o traumas sexuales, rechazos afectivo-eróticos en la adolescencia o diversos elementos situacionales en la vida de la persona, como la soledad, vacíos existenciales o una relación de pareja insatisfactoria. El perfil de la persona adicta al sexo presenta un trastorno de tipo obsesivo que afecta sobretodo a hombres, por una cuestión educacional y cultural. Aumenta con la falta de satisfacción sexual y va unida a la ansiedad y la depresión, donde se confunde el amor con el éxtasis sexual, sintiendo el sexo como la única vía para conseguir gratificación personal y afectiva. La percepción del sexo es mecánica, como una cadena de penetración-orgasmo, sin la existencia de preliminares, afecto o ternura. Considerando a las personas sólo en función de su sexo y viviendo la vida sexual en secreto y con culpa. «Se concibe el sexo como una forma de solucionar todos los problemas, aliviarse del malestar, aunque se contradiga su propio deseo», afirma la experta. Soy adicto al sexo. En las redes podemos encontrar numerosos casos de celebrities como Ozzy Osbourne o David Duchovny, que no sólo lo han hecho público sino también han reconocido la problemática que conlleva asociada y la necesidad de ponerse en tratamiento, dando ejemplo y sin normalizar este tipo de adicción. Russel Brand contó sus aficiones y adicciones, algunas casi envidiables como el harén del que disponía en su propia biografía. Destapó numerosos detalles, incluso cómo se inició y su experiencia en la rehabilitación. En ocasiones, que existan personajes famosos que salen del anonimato de su adicción sexual resulta muy positivo. En otras, se generan modelos a seguir, pues el sexo «mola».Otros famosos como Tiger Woods, Michael Douglas y Martin Sheen han sido noticia por diferentes incidentes relacionados con su declarada adicción sexual, sin embargo, muy pocas mujeres han reconocido sufrirla. Se calcula que un 6% de la población padece esta adicción y un 2% son mujeres. Aunque siempre es más habitual que una mujer no se declare adicta por cuestiones culturales y miedo a ser perjudicada por ello.El novio de Lindsey Lohan, por ejemplo, la catalogó de adicta sexual y Sharon Stone reconoció ser muy activa sexualmente, lo que no las convierte en adictas, por supuesto. Sin embargo, se suelen encontrar en las listas de famosos adictos al sexo, incomprensiblemente. ¿Se puede solucionar? Por supuesto. Primero habría que determinar si se trata realmente de una adicción o no. El tratamiento a cualquier tipo de adicción al sexo, incluida la pornografía, es similar a cualquier otro tipo de adicción. Conlleva un necesario control de estímulos desencadenantes, una evaluación de las carencias que ha sustituido por prácticas sexuales y siempre considerando componentes físicos, sociales y psicológicos.Resulta una adicción compleja pues tenemos y deseamos vivir la sexualidad durante el resto de nuestra vida y los estímulos sexuales son permanentes y necesarios para nuestra sexualidad. Por lo que la reeducación sexual, generando nuevos modelos de relación afectivos y diferentes recursos eróticos es fundamental para hacerlo de manera saludable.En cuanto a la pornografía, utilizada con una buena educación sexual, como recurso erótico y placentero, con mirada crítica, sabiendo que se basa en la fantasía y no necesariamente en la realidad, no tiene por qué desencadenar adicción en una persona sin rasgos de vulnerabilidad adicionales. «Con las mismas normas que aconsejaría a su hijo para que utilizase un videojuego y no le generase ningún daño psicológico, social, físico, neurológico o sensorial, podría aplicarse el consumo de pornografía si lo desea», matiza Ana Yáñez. Vivida sin obsesión y haciendo un buen uso, conociendo que hay diferentes tipos de pornografía y eligiendo la que consideremos más adecuada para nosotros, sin abusar ni vivir para ella, no conlleva ningún tipo de daño cerebral en un adulto sano. (ANA SIERRA)

MARIDO ADICTO AL SEXO

La adicción al sexo se presenta de muchas maneras y no es específica de una edad o género. Una persona se considera adicta al sexo cuando su comportamiento sexual es incontrolable, excesivo u obsesivo. No todas las personas que son adictas al sexo son infieles a sus parejas, pero sí la gran mayoría.

Las personas adictas al sexo generalmente construyen mentiras elaboradas para ocultarlo, por eso es que las parejas pueden estar casadas por mucho tiempo antes de que alguien descubra el problema del otro. Aunque algunos psicólogos no están de acuerdo con el término ni se ha llegado a un consenso acerca de que este comportamiento sea una enfermedad, lo cierto es que existen algunas conductas recurrentes en muchos de los “pacientes” que nos permiten hacer esta lista de maneras de descubrir a un adicto sexual.


1. Colecciona pornografía

Si es muy celoso con su computadora o contraseñas y de pronto descubres miles de imágenes sexuales puede ser una señal. La mayoría de los hombres ven pornografía de forma ocasional, pero esto no consume sus vidas ni su tiempo. Si consideras que la cantidad es excesiva, puede ser un problema real.


2. Busca citas en línea

¿Está inscrito a sitios de citas por Internet o paga para hablar y ver a mujeres realizando actos sexuales en algún sitio? Gastar dinero en este tipo de servicios cuando tienen una relación estable también puede ser una señal.


3. Strip tease

Algunos hombres van a los tables de vez en cuando con sus amigos, pero de nuevo la diferencia aquí es la frecuencia y la compañía. Si te oculta que pasa su tiempo en estos lugares, va solo o lo hace muy seguido es posible que sea una adicción.


4. Cuartos de hotel

Hay una diferencia entre un engaño y la adicción al sexo, ninguna de las dos tiene justificación, pero un amorío se caracteriza por ocurrir con una conocida y de forma recurrente, mientras que los adictos al sexo generalmente no tienen problema en pagar por el servicio. Si encuentras recibos o vouchers de cuartos de hotel puede significar una adicción, mientras que si en su estado de cuenta aparecen compras en joyerías o florerías tal vez sea más bien un amorío.


5. Quiere estar solo

Si busca maneras de sacarte de la casa para pasar tiempo solo y crees que puede estar utilizando dicho tiempo para ver pornografía y masturbarse es otra gran señal. Los hombres, incluso los casados, se masturban de vez en cuando pero este acto rara vez implica planeación o premeditación.


Si tienes dudas al respecto o crees que tu pareja puede sufrir de esta adicción es importante que hables con él y con un especialista en la materia para que te oriente. Ten mucho cuidado con las enfermedades de transmisión sexual y si tienes la más mínima sospecha usa el condón, sin importar cuanto tiempo lleven juntos, como método de protección.

¿ADICTO AL SEXO?

TEST PARA SABER ADICCIÓN AL SEXO

Aquí encontraremos un Test para saber si es adicto al sexo:

http://www.doctissimo.com/es/sexualidad/test-pareja/test-sexualidad/eres-adicto-al-sexo


Todos los estudios demuestran que la sexualidad es fundamental para nuestro equilibrio. Sin embargo, no todo el mundo tiene relaciones sexuales satisfactorias. ¿Y si todo dependiera de lo mucho o poco que nos guste el sexo? ¿Te has parado a pensar en lo que buscas realmente en él? ¿Y en lo que te aporta? Descubre con nuestro test si disfrutas realmente de las relaciones sexuales.

TRATAMIENTO ADICCIÓN AL SEXO

«En términos científicos la palabra adicción comporta una fuerte relación con el objeto adictivo, conductas irracionales para conseguirlo y síntomas de abstinencia cuando no se lo tiene. Es importante diferenciar que tener deseos intensos y frecuentes no es sinónimo de adicción al sexo». Así comenzó la explicación sobre el tema a Infobae el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin.

La adicción al sexo es un problema psicológico que puede traer graves consecuencias sobre la vida y relaciones sociales de quienes la padecen. «Mucha gente usa el sexo de vez en cuando para escapar del estrés, esto es algo normal. El problema es que para estos pacientes se trata de una conducta constante, que se intensifica hasta tal punto que el deseo sexual controla todos los aspectos de sus vidas, y, además, se sienten impotentes en sus esfuerzos por cambiarla», explicó Rory Reid, psiquiatra estadounidense y autora de un informe publicado en la revista Journal of Sexual Medicine.

El problema se ganó el protagonismo de los principales medios del mundo luego de que dos figuras del espectáculo en los EEUU fueran denunciados por acoso y decidieran internarse en una reconocida clínica de ese país aduciendo ser adictos al sexo.

Se define la adicción al sexo como la presencia de impulsos, fantasías, pensamientos recurrentes de índole sexual que llevan a conductas compulsivas.

Kevin Spacey desapareció de la escena pública desde que fue acusado de acoso sexual por más de una decena de hombres que trabajaron o coincidieron con él a lo largo de las últimas décadas. El actor fue despedido de Netflix y los escritores de House of Cards estarían llevando a cabo cambios en el guión de su sexta y última temporada con la determinación de que la historia no incluya a Frank Underwood, su personaje.

Por su parte, Harvey Weinstein cayó en desgracia luego que The New York Times y The New Yorker revelaran numerosas denuncias de actrices y ex empleados por acoso, agresión sexual y hasta violación.

Ghedin manifestó que «si bien existen abusadores que tienen dificultades para controlar sus impulsos, la mayoría de las personas que tienen adicción al sexo no lo son. El abusador por lo general tiene rasgos narcisistas o psicopáticos, son carentes de empatía y se valen de su poder para manipular al otro, cosa que para nada observamos en los compulsivos sexuales».

Las dos figuras de Hollywood decidieron internarse en The Meadows, la misma clínica de Arizona (Estados Unidos) donde también trataron su adicción Tiger Woods, Selena Gomez y Kate Moss.

Las personas adictas al sexo refieren no poder controlar el impulso que los lleva a tener sexo en forma urgente (Getty)
Todas las personas suelen reconocer cuándo están más dispuestos a los contactos eróticos, hasta es posible determinar qué tipo de estímulos incrementan el deseo. Es una grata sensación que sensibiliza, preparando el «terreno» para sentir placer.

En cambio, «se define la adicción al sexo como la presencia de impulsos, fantasías, pensamientos recurrentes de índole sexual que llevan a conductas compulsivas, ocasionando malestar subjetivo y deterioro en las distintas áreas de su vida», detalló Ghedin, quien profundizó: «En la adicción al sexo el deseo se mezcla con el impulso, el placer con la ansiedad, la tentación con la moral, el peligro o la sensación de riesgo con la preservación de uno mismo. La adicción al sexo es un comportamiento irrefrenable, repetitivo, con culpa y sensación de vacío una vez que se ha conseguido bajar la tensión sexual».

La sufren hombres y mujeres, en edades que van de los 20 a los 45 años. Y si bien no se saben las causas que la provocan, estudios apuntan a desórdenes en los neurotransmisores (aumento de la dopamina), y fundamentalmente factores emocionales: estrés, inseguridad personal, sentimiento de inferioridad, temores de ser humillados o avergonzados por los demás.

La adicción al sexo es un comportamiento irrefrenable, repetitivo, con culpa y sensación de vacío una vez que se ha conseguido bajar la tensión sexual
«Las personas adictas al sexo refieren no poder controlar el impulso que los lleva a tener sexo en forma urgente, ocasionando serias dificultades en las distintas áreas: social, familiar, laboral, económica, etc», aclaró Ghedin, quien enumeró «la masturbación compulsiva, frecuentar prostíbulos, el sexo express, la búsqueda imperiosa de material pornográfico, líneas calientes, sitios web, etc» como algunas de las conductas más frecuentes.

Según el National Council of Sexual Addiction de los EEUU, un 40% de los pacientes adictos al sexo pierden a su pareja, un 72% tienen ideas suicidas, un 17% intentó quitarse la vida, un 27% tiene problemas laborales, un 68% tiene probabilidades de contraer VIH, un 40% tiene embarazos no deseados y un 36% aborta.

Para el especialista, existen 6 indicadores de la adicción, por lo que el comportamiento sexual entraría en la categoría de adicción cuando ocurren:

1– Impulsos o pensamientos sexuales perseverantes.

2– Necesidad imperiosa e irrefrenable de algún tipo de contacto sexual: autoerótico, relaciones hetero u homosexuales, líneas hot, etc.

3– Sentimientos de culpa posterior.

4– Pérdida de tiempo, incapacidad para cumplir con sus actividades habituales, gastos desmedidos en pornografía, prostitución, etc.; afectación de sus relaciones amorosas y/o interpersonales.

5– Sentimientos encontrados: tentación versus represión.

6– Abstinencia sexual: inquietud, insomnio, pérdida de concentración, de la atención, etc.

En términos científicos la palabra adicción comporta una fuerte relación con el objeto adictivo (Getty)


Cómo es el tratamiento
«Toda conducta de abuso o francamente adictiva merece ser tratada para que la persona pueda recuperar el control de sus impulsos. Es fundamental trabajar sobre la personalidad ansiosa o temerosa de base para que el hombre adquiera más seguridad personal, maneje mejor los sentimientos de inferioridad, la tolerancia a la frustración y empiece a reconocer -y a confiar- en sus potencialidades amatorias», explicó Ghedin, y agregó: «No hay tratamientos específicos que ‘curen‘ la adicción al sexo, aunque se puede controlar con terapias cognitivas, grupos de ‘sexo adictos’ y fármacos que calmen los impulsos y la ansiedad».

«Los tratamientos difieren ya que la estructura de personalidad de uno y del otro son diferentes. Los compulsivos a adictos sexuales son personas con altos niveles de ansiedad que les impide controlar sus impulsos, pueden ser inestables emocionales pero saben del riesgo que corren cuando desean bajar la tensión sexual y no se valen de estrategias para dominar o manipular al otro, en cambio los abusadores son de estructura perversa y usan estrategias para acercarse (aunque sean de riesgo), eligen a la víctima y carecen de empatía -ahondó Ghedin-. Los compulsivos o adictos al sexo se benefician con grupos de ayuda y en algunos casos requieren de alguna medicación para bajar la ansiedad, por el contrario, los abusadores son internados cuando existen acciones legales en su contra».

Y tras detallar que «el tratamiento es farmacológico, con estabilizadores del ánimo, ansiolíticos, antipsicóticos, etc y con terapias de tipo cognitivo -conductuales para reconocer los pensamientos intrusivos, la vivencia del riesgo y el daño que provocan en la vida ajena», el especialista remarcó que «la internación se basa en el criterio médico-pisquiátrico de que la persona sea peligrosa para terceros, por lo que necesitará ser aislada para su control y tratamiento».

Los grupos de ayuda se basan en los doce pasos (como Alcohólicos Anónimos) y proponen como objetivo la «sobriedad sexual», es decir, lograr tener relaciones sexuales no impulsivas ni generadoras de malestar.

Deborah Schiller es la directora del programa de tratamiento de adicción sexual de Pine Grove en Hattiesburg, Mississipi, Estados Unidos. Allí explicó que las personas habitualmente piensan: «Me gustaría ser un adicto al sexo. No debe ser tan malo». Según la experta, «es peor que una tortura».

The Meadows, la clínica en la que se tratan Weinstein y Spacey cuenta con un programa para adictos al sexo, conocido como “Gentle Path” -que se podría traducir libremente como «El Camino dócil»-, en el que sus pacientes hacen terapia a través de actividades artísticas.

Los clientes que acuden a Pine Grove son tratados con rutinas de meditación, charlas en grupo, psicoterapia y desarrollo de habilidades de comunicación. Se les enseña cómo no objetivizar a las personas y cómo lidiar con las fantasías y los recuerdos eufóricos. Según la experta, los adictos sexuales esencialmente necesitan «sobriedad».

Algunos de los métodos del centro incluyen antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y en algunos casos incluso medicamentos antiandrógenos para suprimir los impulsos sexuales. El propio centro se define a sí mismo en su web como «el principal centro de tratamiento hospitalario para la adicción al sexo de EEUU». ( Valeria Chavez)

¿ SOY ADICTO AL SEXO ?

El desafortunado tema del productor de Hollywood Harvey Weinstein, que busca ayuda para su adicción al sexo, se ha hablado y discutido mucho sobre este problema. Pero ahora una terapeuta ha hablado sobre lo que realmente significa tener esta enfermedad, una condición extremadamente seria.

Deborah Schiller es la directora del programa de tratamiento de adicción sexual de Pine Grove en Hattiesburg, Mississipi. Escribiendo para ‘The cut’, explica que las personas piensan a menudo: «Oh, suena divertido. Me gustaría ser un adiccito al sexo. No tiene que ser tan malo», algo que dista mucho de la realidad. Según palabras de la experta, «es peor que una tortura».

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Desorden hipersexual
Un equipo de psicólogos y psiquiatras de la Universidad de California han formulado una lista de criterios para diagnosticar el llamado desorden hipersexual como un tipo más de trastorno de la salud mental. Algunos de los síntomas que reúnen los adictos al sexo incluyen un patrón repetido de fantasías sexuales y el recurrir a la actividad sexual en respuesta a estados de ánimo desagradables como el estrés o la depresión. Además, estos individuos no consiguen tener éxito en sus intentos de reducir o frenar su actividad sexual cuando se dan cuenta de que es problemática.

La sexualidad forma parte natural del ser humano, pero cuando se convierte en una prioridad que interfiere en la vida diaria, en el trabajo, afecta a las relaciones personales y sociales y, además, causa ansiedad y arrepentimiento, entonces se convierte en adicción. El psicólogo y sexólogo Xud Zubieta, director del centro psicológico sexológico Zubieta de Valencia , lo llama “trastorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual”.

Quienes padecen trastorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual acuden a recibir tratamiento por su propio pie y suelen mantenerlo en secreto

«Mucha gente usa el sexo de vez en cuando para escapar del estrés, esto es algo normal. El problema es que para estos pacientes se trata de una conducta constante, que se intensifica hasta tal punto que el deseo sexual controla todos los aspectos de sus vidas, y además se sienten impotentes en sus esfuerzos por cambiarla», explica Rory Reid, uno de los autores del estudio, que se publica en la revista ‘Journal of Sexual Medicine‘.

Los resultados también revelaron que el 54% de los afectados se había dado cuenta de que padecía este tipo de conducta sexual antes de los 18 años, y un 30% lo había constatado durante la época universitaria, entre los 18 y 25 años. Además, las conductas más repetidas entre los pacientes incluían la masturbación y el uso excesivo de pornografía, seguidas del sexo consentido y el cibersexo. Estas personas tenían relaciones con trabajadoras sexuales y repetidos encuentros con parejas anónimas, con una media de 15 compañeros sexuales en los últimos 12 meses.

Satiriasis vs ninfomanía
Quienes padecen trastorno obsesivo-compulsivo de carácter sexual acuden a recibir tratamiento “por su propio pie y suelen mantenerlo en secreto. A veces la pareja no se da cuenta. El principal problema de nuestra cultura es el tabú del sexo. No se habla del problema. Puedes pensar que la pareja lo intuye, pero no lo afronta. El nivel de comunicación de muchas parejas es muy bajo. Últimamente se habla más pero no existe un protocolo de educación sexual”, explica Zubieta.

El experto afirma que el tratamiento médico “no debe ser indefinido y el simple fármaco no es suficiente para ‘curar’ esta adicción, que tiene niveles de graduación. “Una adicción leve se soluciona en menos de un año, y una grave lleva más tiempo”.

La satiriasis (adicción al sexo en los hombres) y que la ninfomanía son términos bastante antiguos para hacer referencia a la hipersexualidad. Según Zubieta, la segunda no existe: «Se llama furor vaginal o uterino (deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse al acto) y no, no he visto ningún caso. Pueden ser personas muy activas sexualmente pero sin que por ello les cause ningún problema en su vida. Los casos que tratamos son de hombres. Hay menos mujeres porque en este punto de la historia se las educa para ser chicas decentes. Muchas sólo practican el sexo para reproducirse, aunque la sociedad actual está cambiando rápidamente».

El porno, ¿el culpable?
Schiller comenta que, tradicionalmente, muchas personas desarrollan esta adicción al sexo como resultado de un trauma en su vida. «La pornografía ha cambiado el rumbo del problema. La gente que crece con ella se vuelve adicta de inmediato y acaba transformando su vida» y lo explica a través del ejemplo de dos hombres que vieron este tipo de produzto desde que tenían cuatro años y ahora necesitan masturbarse seis horas diarias.

Los clientes que acuden a Pine Grove, la clínica de la que es directora, son tratados con rutinas de meditación, charlas en grupo, psicoterapia y desarrollo de habilidades de comunicación. Se les enseña a cómo no objetivizar a las personas y a cómo lidiar con las fantasías y los recuerdos eufóricos. Según la experta, los adictos sexuales esencialmente necesitan «sobriedad».

Para estos pacientes se trata de una conducta constante, que se intensifica hasta tal punto que el deseo sexual controla toda su vida

También se trata a los pacientes científicamente con pruebas psicológicas y test iniciales de más de 500 preguntas cuando acude por primera vez, así como gráficos para ver cómo valoran a los demás. La adicción es su propia enfermedad, que describre como «crónica y devastadora».

«Buscan algo fuera de sí mismos para solucionarlo. El sexo es uno de esos comportamientos en los que las personas pueden empezar a lidiar con su estrés», asegura Schiller. Lamentablemente, al igual que la diabetes, no es algo que pueda curarse pero sí existen herramientas para lidiar con ello y así dejar que no afecte a sus vida, que no lastime a sus seres queridos y que no sabotee su carrera profesional.

Aclara que la agresión sexual y la violación están completamente separadas de la adicción al sexo: «Ambas son asaltos violentos que nada tienen que ver con el sexo. Se trata de dominación, como golpear a alguien. Está claro que hay gente famosa que se trata cuando les han pillado haciendo cosas malas, pero el hecho de que sean celebrities y les hayan cogido quebrantando la ley no significa que sean adictos al sexo», concluye. (Adrian Lopez)