NIÑOS: ¿dormir solos o con los padres?

¿Los niños deben dormir solos desde pequeños? ¿Es mejor que hagan co-cama con los padres si eso les hace sentir mejor? Este es un debate abierto y que no tiene una sola respuesta válida. He aquí algunas reflexiones
Cama familiar, debate inacabado
En medio de un aquelarre familiar, la abuela (o abuela) se descuelga y pontifica con puesto matriarcal: “El niño debe dormir solo; si no, no se lo puede sacar de la cama “. El padre de la criatura se muerde la lengua. A las tantas de la noche, en plena gincana para que se duerma de una puñetera vez, el niño suelta la frase maldita: “Es que no tengo sueño” (variante de un otro cubo de agua fría clásica: “No quiero dormir “). Los primeros años de vida, el sueño de los hijos se convierte, demasiadas veces, la pesadilla de los padres. Tres de cada diez niños menores de cuatro años tienen problemas para dormir solos toda la noche. Lo asegura, al menos, el centro madrileño Coaching Club, especializado en entrenamiento grupal para familias. “Se trata de una de las consultas más habituales de terapia familiar para niños”, afirma la nota de prensa, que recomienda “disfrutar con la soledad” y “poseer un mundo interior sereno” para tener un buen sueño.

Los niños crecen, también, entre sábanas: su autonomía progresiva se nota a la hora de dormirse y de dormir. Y es inevitable mencionar el co-cama, que es como se llama de la situación en la que los padres y los hijos duermen juntos en una misma cama. Unos expertos lo aconsejan y otras no. El prestigioso pediatra sudafricano Nils Bergman, de la Universidad de Ciudad del Cabo, defiende: “Los bebés deberían compartir la cama con la madre, al menos, hasta los tres años”, y añade que las primeras semanas deberían pasar toda la noche en el pecho materno. Desde el Penn State College of Medicine, en cambio, el pediatra norteamericano Ian Paul afirma: “Los seis meses parece un buen momento para sacar un bebé de la habitación de los padres”. Y no tan lejos, podemos hacer caso al doctor Estivill o al doctor González. En último término, cada familia forja su modelo para reponer juntos o separados.

“Promover la capacidad de dormirse sin la presencia de los padres o cuidadores es un buen hábito, saludable tanto para el niño como para el funcionamiento familiar”

 

CARLOS VALERA – NEURÓLOGO

El doctor Carlos Valera es neurólogo de la Unidad de Trastornos del Sueño del Hospital San Juan de Dios. Responde con rotundidad a la pregunta del millón: “Los niños deben dormir preferiblemente sin compañía. Promover la capacidad de dormirse sin la presencia de los padres o cuidadores es un buen hábito, saludable tanto para el niño como para el funcionamiento familiar “, y argumenta que reduce los factores que cortan su descanso y, además, equilibra” las necesidades y los derechos “de todos los miembros de la familia. Ahora bien, también responde que estos mismos niños mayores pueden conciliar el sueño acompañados. Esta práctica “se acepta y se entiende a lo largo de toda la infancia, y se le reconocen ventajas como el desarrollo de vínculos de apego, el favorecimiento de la lactancia materna y la sincronización de patrones de sueño con los adultos”. Ayudarles a dormirse está “aún más justificado”, sostiene, en enfermedades agudas o crónicas, mudanzas, viajes o alteraciones del sueño.

¿CUANTO DEBEN DORMIR?
Un niño de tres años no necesita dormir tanto como un recién nacido. “Es importante -remarca Valera- conocer la cantidad de sueño normal en función de la edad, ya que, en ocasiones, las expectativas de sueño que consideran los padres difieren de las necesidades reales, por lo que pueden estar refiriendo un problema de insomnio cuando defecto: durante el 1er. año de vida, de 16 a 18 horas; entre 1 y 3 años, 12 horas; entre 3 y 6, 11 horas; de 6 a 12 años, 10 horas, y en la adolescencia, de 8 a 9 horas “. El facultativo añade que “el sueño tiene diferentes fases que componen ciclos de sueño con una duración y una proporción determinadas por la edad y que no conviene interrumpir, para asegurar un descanso óptimo y un desarrollo adecuado”. Y avisa: “Dormir menos de lo necesario produce irritabilidad y disminución de la concentración”.

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