DORMIR EN LA MISMA CAMA PADRES E HIJOS

La Asociación Española de Pediatría señala que los menores de seis meses tienen que dormir “en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres”, ya que hay “evidencia científica” que esto reduce el riesgo de muerte súbita en más del 50%. La AEP reconoce que la lactancia materna protege a los bebés y que un lecho compartido favorece que se dé el pecho, pero a la vez considera la cama familiar “un factor que aumenta el riesgo” de muerte súbita y pide que se evite en algunos casos . Ahora bien, no lo contraindica para los niños mayores: los padres son libres de obedecer o no los numerosos estudios que lo aconsejan (o los que el desaconsejan). El doctor Valera no es partidario: “Es normal que los niños reclamen la atención y la compañía de los padres para iniciar el sueño. Se sienten seguros y atendidos, pero la cama familiar no implica que sea mejor para el niño; de hecho, puede dificultar la autonomía de la criatura. Aparte de los hábitos a la hora de dormir, se asegurará un sueño suficiente (de acuerdo con la edad) y eficiente (tiempo de sueño en relación con el tiempo en la cama) “.

La evidencia de que el niño está haciendo mayor emerge también a la hora de ir a dormir: “A medida que el niño crece, adquiere más autonomía para todas las tareas que está aprendiendo a realizar, en el ámbito doméstico o en el escolar. A menudo la queja familiar tiene más que ver con un problema que con un trastorno real, y puede variar de una familia a otra y en función de aspectos culturales. Por eso -concluye- debe valorar el contexto psicosocial en que se encuentran el niño y su familia “.

POTENCIAR LA AUTONOMÍA
¿Cómo se potencia la autonomía nocturna de los hijos? ¿Cambiar la cuna por una cama pequeña ayuda? Valera receta la rutina de la familia Telerín: “Después de bañarse y lavarse los dientes se puede dedicar un período de tiempo transicional en que disminuye el nivel de estímulos: se lee un cuento o se recuerda que se ha hecho durante el día. La despedida breve y afectuoso -afirma- debe ser decisión de los progenitores “. Y responde: “Una cama pequeño podría ser una estrategia de ayuda, pero la cohabitación puede establecerse hasta los seis o los 12 meses en función de las costumbres de la familia, y así no habría que lidiar con cambios de hábitos a una edad mayor “.

¿Y si se acuesta de los padres a medianoche? ¿Toleramos excepciones? “Como los ciclos de sueño son diferentes en los niños y en los adultos, los momentos en que el sueño se hace más superficial también difieren y, por tanto, se pueden y se deben permitir algunas excepciones. Conviene mostrarse tranquilo y sereno y ofrecer un mensaje sencillo: “Es hora de dormir; el padre y la madre están cansados; te queremos; hasta mañana ». Hay que evitar enfadarse y evitar reñir. paciencia; todo parece muy difícil antes de pasar a ser sencillo “. Ciertamente.

Otro momento de tensión: “Tiene sueño, pero no se da cuenta”. “Si el mismo niño es capaz de detectar el sueño y lo reclama, parece conveniente conducirlo a un lugar seguro y confortable para cumplir con esta necesidad. Si el cuidador detecta sueño pero ellos no, habitualmente se debe a un exceso de estímulos o situaciones del entorno que le interesan y que hacen que postergue el descanso en función de lo que le distrae. Hay que volver a una situación de calma progresiva y procurar un ambiente propicio para dormir “.

En cualquier caso, calma y tranquilidad: también de noche la naturaleza hace su trabajo. Normalmente, según Carlos Valera, todo va bien: “Gran parte de los niños adquieren un patrón de sueño considerado normal de forma natural o espontánea y, por tanto, no hay que cumplir un sistema de normas rígidas”

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