Síndrome de Cotard

CREER ESTAR MUERTO

El Síndrome de Cotard es un trastorno delirante, en el cual la persona afectada niega su propia existencia o considera que podría estar muerta. En ocasiones se acompaña de alucinaciones olfativas y cenestésicas que sugieren estar experimentando un proceso interno de putrefacción.

El síndrome de Cotard, también llamado delirio de negación o delirio nihilista, es una enfermedad mental relacionada con la hipocondría. El afectado por el síndrome de Cotard cree estar muerto (tanto figurada como literalmente), estar sufriendo la putrefacción de los órganos o simplemente no existir.

 

 

ASMR – 3ª parte (Disparadores)

Disparadores

Los disparadores o “triggers” del ASMR son bastante diversos y amplios, además hay gran variedad en función de la persona ya que no todo el mundo siente lo mismo en la misma situación y contexto.
Los disparadores más frecuentes que se relacionan con el ASMR son los siguientes:
  • Observar a una persona dibujar o pintar
  • Ver manualidades y en general todas las muestras de destreza en trabajos manuales y/o artísticos.
  • La manipulación cuidadosa de objetos
  • Vídeos de atención personal sobre terceras personas, como cortes de pelo, cambios de imagen o incluso exámenes médicos.
  • Observar a alguien hacer una tarea minuciosa, por ejemplo; cumplimentar un formulario, inspeccionar cuidadosamente un objeto de cerca…
  • Ruido blanco
  • Conversaciones pausadas, suaves y relajantes. Tonos de voz constantes, pacientes y uniformes, voz susurrada…
  • Sonidos de objetos diversos como, por ejemplo, el sonido de un papel arrugándose, alguien pasando las páginas de un libro, el sonido de un lápiz dibujando el papel, el roce de dos piezas de madera…

Estos disparadores se podrían clasificar en los siguientes términos:


Disparadores con la voz:

  • Whispers/susurros: simplemente es voz susurrada.
  • Soft Speaking: Hablando con un tono bajo de voz, pero sin llegar a susurrar.
  • Inaudible/unintelligible: Es un susurro en el que no llegas a entender lo que se está diciendo.
  • Ear to ear o “de oreja a oreja”: Es cuando la voz de la impresión de pasar de un oído al otro. Para ello es necesario usar sonido “binaural” (efecto de sonido que da la sensación de estar pasando de un oído al otro. Para escuchar mejor este sonido es recomendable utilizar auriculares).

Disparadores con objetos:

  • Tapping: Traqueteo con las uñas o la yema de los dedos sobre alguna superficie.
  • Scratching: Rascar la superficie de objetos.

Disparadores visuales:

  • Dentro de esta categoría cualquier acción que incluya movimientos suaves; mover las manos, colorear un dibujo, tocar la cámara con un pincel o una brocha, doblar toallas…

Entender la ANSIEDAD

La ansiedad es un mecanismo defensivo ante situaciones consideradas amenazantes. Ponemos en marcha recursos de tipo atencional, de pensamiento y de respuesta para enfrentarnos a esa amenaza. Es natural experimentar ansiedad en determinados momentos, pues es una reacción normal y adaptativa que mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta. La función de la ansiedad es movilizarnos y mantenernos alerta y dispuestos a intervenir ante amenazas.  Nos prepara para luchar, huir o paralizar conductas que nos pueden poner en peligro. El problema llega cuando esta reacción emocional nos domina y nos afecta en nuestro día a día.
La ansiedad puede manifestarse de diferentes maneras: ataque de pánico, trastorno generalizado, fobia (social, agorafobia…), trastorno obsesivo-compulsivo o estrés postraumático.

¿Cuándo pasa la ansiedad de ser una reacción natural a un problema?

En principio, no representa ningún problema de salud, hasta que se dan una serie de circunstancias: cuando la sensación se mantiene a lo largo del tiempo sin presencia de un riesgo “objetivo” y cuando nos está afectando a nuestro funcionamiento diario.

Actualmente, parecen muy habituales los casos de ansiedad. 

Efectivamente, más del 20% de las consultas en psiquiatría están relacionadas con este desorden. Aún así, quisiera puntualizar que en los últimos años se está normalizando demasiado; es decir, se llega a concebir como algo natural en nuestra vida. Sin embargo, considero importante subrayar que el malestar que genera la ansiedad no tiene por qué estar necesariamente presente. Es cierto que la vida moderna tiene consecuencias difíciles de evitar en nuestra mente, pero no deberíamos tratar como normales situaciones que ya suponen un problema de salud mental.

¿Cuáles son los principales síntomas de alerta?

La ansiedad patológica se manifiesta con síntomas físicos: dolores musculares, dolores de cabeza tensionales, sensaciones de agobio, dolor en el pecho, hormigueo en los brazos, mareos, dolores estomacales, nauseas, migrañas… Son manifestaciones que pueden confundirse con otras dolencias.
Por otro lado, están las manifestaciones psicológicas: preocupaciones continuas, sensación de pérdida de control, miedo a que pase algo malo… A nivel conductual, puede llevar al afectado a evitar situaciones que piensa que le van a provocar ansiedad, o incluso a repetir una serie de rituales que le ofrecen una sensación de control.
Lo que más asusta son los síntomas físicos, porque en ocasiones el individuo cree que está sufriendo un ataque cardíaco. Es importante hacer hincapié en que nadie muere a causa de la ansiedad.

¿Cómo son los ataques de pánico que experimentan algunas personas con cuadros de ansiedad?

Se trata de una experiencia intensa, a veces sin razón aparente, de miedo, angustia, taquicardias, sudoración, respiración dificultosa… Muchas veces, la persona que padece esta reacción emocional, no sabe por qué le está pasando, y eso le genera más miedo.
La persona tiene una fuerte sensación de pérdida de control, que dura unos minutos pero que le resulta muy prolongada por su intensidad. Se produce una sensación de peligro inminente y de necesidad imperativa de escapar del lugar o situación temida. El ataque de pánico puede llevar, además, a desarrollar conductas limitativas, para evitar que se desate una nueva crisis.

A muchas personas les cuesta comprender el origen de estos ataques, puesto que hay ocasiones en los que parecen surgir de repente, sin una causa aparente. ¿Qué tipo de motivos pueden desencadenar esta reacción? 

El ataque comienza cuando salta una alarma en nuestro cerebro, por algún estímulo interno o externo, consciente o inconsciente, y se empiezan a generar cambios físicos. El cuerpo se prepara para huir o pelear. Estos cambios provocan un aumento de la adrenalina, de la frecuencia cardíaca, de la temperatura corporal… y puede surgir también una sensación de hormigueo.
Todo esto va sucediendo de manera automática y uno no se da cuenta. Cuando la persona se percata de que algo le está pasando, centra toda su atención en esas sensaciones corporales y ese nerviosismo que aumenta, y es entonces cuando empieza a interpretarlo. El problema es cómo interpreta de esas sensaciones, los pensamientos catastróficos que alimenta. Con ese tipo de pensamientos, es prácticamente inevitable que se desate el ataque de pánico.
El miedo lleva al miedo, se aumenta el malestar físico y psíquico y, así, se refuerza el círculo vicioso que conduce al afectado a nuevos ataques. Una vez que lo ha sufrido, es más fácil que le vuelva a suceder.

¿Cómo podemos hacer frente a estos ataques?

En el momento del ataque, lo más importante es intentar relajarse; sentarse, cerrar los ojos para reducir la fatiga visual y bajar la tensión, así como realizar inspiraciones y expiraciones profundas y lentas.
Asimismo, el afectado debe tener presente que, pese a lo mal que lo está pasando en el momento presente, esa sensación va a terminar pronto. Ha de procurar no luchar contra el pánico, sino observarlo y dejar que pase.

¿Y qué se puede hacer para superar la ansiedad?

Es importante solicitar ayuda profesional para que podamos entender qué nos está sucediendo, sobre todo en los casos de mayor gravedad, en los que existe una incapacitación importante. Las intervenciones terapéuticas de orientación cognitivo-conductual están dirigidas a cambiar el modo de procesamiento de la información; es decir, a modificar la forma en que uno entiende la realidad y el modo en que se enfrenta a la misma. En algunos casos, el tratamiento se puede acompañar con medicación.
Aún así, lo más importante es rescatar las herramientas y recursos propios para poder afrontar ese miedo. El afectado necesita aprender a tomarse las cosas con más calma y a decirse mensajes tranquilizadores.


¿Cómo podemos ayudar a una persona que está sufriendo un episodio de ansiedad?

Ayudarle a enfocar la realidad desde un punto de vista más objetivo.